Durante décadas, la entrada al oficio del diseño estuvo marcada por una secuencia bastante reconocible. Primero se aprendían las herramientas. Después se construía un portfolio. Más tarde llegaban las prácticas, los primeros encargos, la relación con clientes, la incorporación a un estudio o a un departamento de diseño. La autonomía profesional era una conquista progresiva. […]
Durante décadas, la entrada al oficio del diseño estuvo marcada por una secuencia bastante reconocible. Primero se aprendían las herramientas. Después se construía un portfolio. Más tarde llegaban las prácticas, los primeros encargos, la relación con clientes, la incorporación a un estudio o a un departamento de diseño. La autonomía profesional era una conquista progresiva.
